¡Celebremos el Pentecostés!

Estamos en el mes de mayo, llegando a la mitad del tiempo del año solar 2026, un tiempo marcado por los 12 meses del calendario anual. El clima y sus temperaturas definen cada uno de los meses, tanto los que han finalizado como los que faltan por culminar. La primavera, el verano, el otoño y el invierno caracterizan las variaciones típicas en el clima, la temperatura y las horas de luz; en el hemisferio sur nos preparamos para el comienzo de la estación de Invierno (21 de junio – 21 de septiembre).
La Iglesia también está enmarcada por el tiempo y sus estaciones, pero no por variaciones temporales o geográficas, sino por los grandes contextos históricos que Dios ha trazado a través de la persona y obra de su Hijo Unigénito Jesucristo. Sí, la iglesia celebra tres grandes estaciones o fiestas que nos preparan, ayudan y recuerdan la gracia, la bondad y las misericordias del Dios Trino para un mundo pecador (Juan 3:16).
Las dos primeras fiestas son las estaciones de Navidad y Pascua. La tercera estación es Pentecostés. Una estación donde celebramos el cumplimiento de la promesa del Padre y del Hijo en el envío del Espíritu Santo a su pueblo redimido por la sangre del Cordero.
Pentecostés es una palabra que viene del latín “Pentecoste”, y este del griego “Πεντηκοστή”, que significa literalmente “quincuagésimo” o “el día cincuenta”. El origen de esta fiesta estaba claramente relacionado con la agricultura. Los israelitas traían a Dios el testimonio de la bendición que habían recibido con su cosecha. Es llamada también “Fiesta de la siega”; según Levítico 23:15-16, “15 Deberán contar siete semanas completas a partir del primer día después del día de reposo, es decir, a partir del día en que ofrecieron la gavilla de la ofrenda mecida. 16 Contarán cincuenta días, hasta el día siguiente al séptimo día de reposo. Entonces ofrecerán al Señor el grano nuevo.”
Según fuentes rabínicas, después del exilio se adoptó la costumbre de que los participantes de la fiesta fueran a Jerusalén, ya que la tradición judía sostenía que la Ley se dio en el monte Sinaí e Israel llegó a ser un pueblo escogido en la misma fecha en que luego se celebró el Pentecostés. Se puede resumir que la gran fiesta de Pentecostés se celebraba para agradecer por las primeras cosechas y conmemorar la entrega de la Ley a Moisés en el monte Sinaí.
Dos eventos que animaban e invitaban al pueblo judío a reunirse, celebrar y regocijarse en las bendiciones que Dios había mostrado hacia las familias hebreas.

Como iglesia, nosotros también somos llamados a reunirnos, celebrar y regocijarnos en la Palabra de Dios y sus innumerables bendiciones temporales y espirituales que recibimos por su gracia y misericordia “paternal y divina, sin que yo lo merezca ni sea digno de ello; por tanto, estoy obligado a darle gracias por todo, ensalzarle, servirle y obedecerle; esto es ciertamente la verdad”. (explicación del 1° art. del Credo Apostólico)
El evangelista Lucas nos da un relato detallado del primer Pentecostés en el libro de Hechos 2:1-11. Fue durante la celebración del pueblo judío en Jerusalén que sucedió el cumplimiento de la promesa dada por Dios Padre y su Hijo Jesucristo de la llegada del Espíritu Santo a los discípulos: “1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.” (Hechos 2.1-4)
Lucas afirma que este día adquiere un significado completamente nuevo para los primeros discípulos; “el estruendo de un viento fuerte y las lenguas de fuego sobre los creyentes” confirmaban la promesa de Jesús de recibir el Espíritu Santo. En el evangelio de Juan, repetidas veces Jesús anuncia la llegada del Consolador o abogado (Juan 14:16). La palabra griega original es Parákletos, que significa literalmente “el que es llamado al lado de uno”. El Espíritu de verdad: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad” (Juan 16:13). En su discurso con Nicodemo, Jesús le dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:3), una clara referencia a la presencia y habitación del Espíritu Santo en el Bautismo del creyente.
Pentecostés y la Iglesia van juntos. Confirma la presencia continua de Cristo en su Iglesia por medio de su Espíritu. Jesús dijo: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20); en cada Servicio Divino, Él está presente por medio de su Palabra y Sacramento, los medios que Él mismo ha establecido para comunicar su gracia y perdón. El apóstol Juan nos dice: “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.” (Juan 16:8), por medio de la Ley nos convence de nuestros pecados y, por medio del Evangelio nos muestra la justicia imputada de Cristo.
Pentecostés nos recuerda la misión de la Iglesia; las personas reunidas de diferentes países en Jerusalén fueron testigos presenciales del primer sermón dado por el apóstol Pedro: “Sépalo bien todo el pueblo de Israel, que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo” (Hch 2:36). Este es el mensaje central de las Escrituras, la persona y obra del Hijo de Dios. Es el anuncio que todo discípulo de Jesús es llamado a proclamar en nuestras diferentes vocaciones. La guía y fuerza vienen del Espíritu Santo que habita en nuestros corazones por gracia.
Pentecostés es la estación del año litúrgico cuando los campos maduran para la cosecha, como los bautizados crecen, proliferan y maduran en Cristo. Son las primicias del nuevo pueblo de Israel espiritual que, por medio del Espíritu Santo, florecen hacia la proclamación del mensaje del Evangelio. ¡Celebremos la fiesta de Pentecostés! Amén.
Rev. Adrián Ventura

Imagen: Entrada de la Iglesia Luterana Confesional de Chile. Congregación: La Cruz de Cristo -Santiago- La Florida
