Martirio de San Juan el Bautista (29 de agosto)
El martirio de San Juan Bautista está registrado en los tres Evangelios sinópticos (Mateo 14:6-12, Marcos 6:17-29 y Lucas 9:9). Gracias a esto, sabemos por qué y cómo murió Juan:
Un profeta verdadero es el que muere por hacer lo correcto
La muerte de Juan no fue planeada por su ejecutor, más bien fue la venganza de alguien que se aprovechó de una situación.

El rey Herodes (Antipas) se encontraba celebrando la fiesta de su cumpleaños. Ante él, bailó una jovencita, cuya danza agradó tanto al rey que fue movido a hacer una promesa tonta, propia de aquellos que se dejan llevar por sus pasiones más que por la razón: “Pídeme lo que quieras, yo te lo daré”. Estas simples palabras desataron la tragedia.
Resulta que esta bailarina era nada menos que la hija de Herodías, actual esposa del rey Herodes Antipas, quien había abandonado a su anterior esposo, Herodes Filipo, quién, además, era hermano de Antipas. Debido a este matrimonio ilegítimo y, por si fuera poco, incestuoso (porque Herodías era sobrina de Herodes), la pareja había recibido la reprobación de parte de Juan el Bautista, lo cual, tenía molesta a la madre de la joven bailarina. Así, la hija de Herodías, ante tal ofrecimiento del rey, fue a consultar con su madre por una respuesta. Aquí es donde Herodías vio la perfecta oportunidad de hacer callar esa voz que la acusaba y la llamaba al arrepentimiento por sus pecados, pidiendo entonces la cabeza de Juan.
Y aunque Herodes estimaba la predicación de Juan y se había negado previamente a ejecutarlo, la presión de haber dado su palabra ante sus invitados lo llevó a que, con tristeza, concediera el deseo de la joven -y de su madre-, por temor también a su honor. Finalmente, la cabeza de Juan fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha y a su madre.
Un verdadero mártir

Juan el Bautista fue condenado a muerte por su predicación fiel e intrépida de la Palabra de Dios, por ser un buen siervo y fiel, por ser un buen pastor, que predica llamando al arrepentimiento cuando la gente vive en pecado. Porque Juan fue enviado para preparar los corazones de los hombres y señalar al Cristo que vendría después de él para traer perdón de los pecados de parte de Dios, lo cual hizo durante toda su vida, incluso desde el vientre de su madre. Juan, cuya concepción precedió a la de Jesús, saltó de alegría en su primer encuentro cuando María visitó a su prima Elisabeth. De hecho, es el ejemplo más claro de que hay vida en el vientre de una madre, y además ¡fue uno de los primeros en reconocer a Cristo (Lucas 1)! Más tarde, Juan preparó el camino predicando un bautismo de arrepentimiento y perdón de pecados: «…y toda carne verá la salvación de Dios» (Lucas 3). Incluso hoy en día, cada Domingo, en nuestras liturgias, nos hacemos eco de las palabras que Juan exclamó cuando se encontró con nuestro Señor Jesús junto al río Jordán: «¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!» (Juan 1). Este Juan, fiel precursor de Jesucristo -quién sería sacrificado injustamente en favor de nosotros, pecadores- preparó el camino para el Señor. Así, cada año conmemoramos a este santo que precedió al Señor en su predicación del arrepentimiento, en su sufrimiento por la Palabra de Dios y, finalmente, en su martirio.
Breve historia de la Celebración de esta fiesta
Los cristianos han celebrado el nacimiento y el martirio de San Juan desde el comienzo de la era del Nuevo Testamento. Se cree que el nacimiento de San Juan fue una de las primeras fiestas del ciclo de festividades menores, seguida poco después por la conmemoración de su muerte. Además, San Juan Bautista es el único, junto con nuestro Señor Jesús y María, la madre de Dios, cuya natividad y muerte se celebran durante el año litúrgico. Esto no es sorprendente, ya que Juan Bautista ocupa un lugar importante en la Iglesia. Después de todo, ¿no dijo Jesús que entre los nacidos de mujer no hay nadie mayor que Juan (Mateo 11:11)?
Entonces, ¿cómo han celebrado los cristianos de todas las épocas a San Juan Bautista? Primero, recordamos sus palabras, siempre apuntando a Jesús. Recordamos que Juan, aunque grande, es precursor de Aquel que es mayor, Cristo el Señor. Su predicación de arrepentimiento preparó el camino para Jesús y aún hoy nos señala a Cristo nuestro Salvador.
Curiosamente, algunos han honrado la muerte de Juan con algunas tradiciones simples, evitando el comer en platos redondos (como el plato donde se colocó la cabeza de Juan). Otros han comido pasteles de miel en honor a San Juan, recordando su dieta de langostas y miel silvestre. Sin embargo, no hay mejor forma de honrar su memoria que haciendo caso a las palabras de su predicación, que aún hoy resuenan en cada iglesia, con su debido llamado al arrepentimiento por nuestros pecados y a la fe en el único Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Amén.
Por el Rev. Pablo D. González
Pastor adjunto de la Iglesia Luterana “Espíritu Santo” y capellán auxiliar del Colegio Luterano “Concordia” de Valparaíso
JUAN, PRECURSOR DE CRISTO | Sermón para el Martirio de San Juan, el Bautista –
