Porque os digo que, si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Mt.5;20
¡Qué bendición es saber que, aun cuando el pecador vive atribulado por su falta de justicia—oprimido por el mundo, por Satanás, y por la acusación de su conciencia—hay consuelo auténtico, santo y duradero! Este consuelo no procede de nuestras obras ni de nuestra voluntad, sino del puro Evangelio de Jesucristo, el Hijo eterno de Dios…
