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Matrimonio???

“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:18,21-24)

Institución divina

El matrimonio es presentado en la Escritura como una institución divina establecida por Dios en la creación. Su propósito es proveer compañía idónea, unidad y comunión entre hombre y mujer, quienes, aunque distintos en su fisiología, son llamados a ser “una sola carne”. Esta unión pertenece al orden de la creación y, por tanto, es santa, buena y necesaria para la vida humana.

Perspectiva luterana

Los luteranos confesamos que el matrimonio es parte del orden creado. Aunque no lo consideramos sacramento en el sentido romano, lo reconocemos como una institución sagrada que debe ser honrada. Todo aquello que lo desprecia o lo contradice es entendido como doctrina diabólica, pues se opone directamente a la obra de Dios. Martín Lutero afirmó con claridad: “El matrimonio es verdaderamente noble porque en él brilla la Palabra de Dios.” Esta convicción nos recuerda que el matrimonio no es un mero acuerdo humano, sino un reflejo del designio divino y, la imagen de la relación entre Cristo y su Iglesia.

El impacto del pecado

La realidad del pecado ha distorsionado la visión del matrimonio. Hoy, el mundo lo percibe como pérdida de libertad, contrato revocable o construcción cultural sin trascendencia espiritual. Se ha olvidado que el matrimonio es bendición y vocación, y que en él se refleja la unión de Cristo con su novia, la Iglesia. Para los cristianos, y especialmente para quienes confesamos la fe luterana, es motivo de tristeza y angustia ver cómo muchos rechazan el matrimonio, prefiriendo una vida en pecado. Redescubrir el matrimonio como bendición a pesar de la oposición del mundo, la Iglesia sigue afirmando con firmeza que el matrimonio es parte del orden divino. Honrarlo es reconocer la buena voluntad de Dios en la creación. Redescubrirlo como bendición es recuperar su verdadero sentido: una unión santa, fiel y abierta a la vida, que refleja en nuestra existencia el amor y la comunión del Señor. Como enseño Lutero: “Como cristianos es nuestro deber enseñar, predicar y escribir para ensalzar el matrimonio.” Esta tarea sigue siendo vigente, pues el matrimonio no solo es un don para la humanidad, sino también un testimonio vivo de la gracia y la fidelidad de Dios.

Rev. Kevin Orihuela

 

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