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Miércoles de Cenizas

En el nombre de Jesús. Amén

El día miércoles 18 de febrero del año del Señor 2026, damos inicio una vez más al tiempo de cuaresma. Nuestras iglesias se preparan para el servicio: las ramas del domingo de ramos del año pasado serán quemadas para la imposición de la ceniza durante el Servicio Divino.

Sí, las mismas ramas que fueron usadas el domingo de ramos el año anterior para adornar las iglesias y recordar a la multitud durante la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén cuando, con gritos de alabanza y alegría, decían: “Hosanna, Bendito el que viene en el nombre del Señor”, mientras tendían ramas y mantos a Jesús que venía montando en un burro a cumplir el plan de Dios.

Pero… ¿Por qué suelen ser las mismas ramas las que se queman y usan para la imposición de la ceniza?

Porque ellas representan perfectamente nuestro entusiasmo superficial, una alegría momentánea, que carece de profundidad, constancia y compromiso constante. Tal como sucedió con todos aquellos que el domingo de ramos, mientras Jesús llegaba a Jerusalén, gritaban alabanzas de Hosanna, y apenas unos días después gritaban a grandes voces: crucifícale.

Esto es algo que también sucede en nuestros días. Es inevitable ver a personas luego del miércoles de ceniza subiendo fotos a las redes con la frente marcada por haber ido al servicio, o incluso por la calle llevando la marca de la cruz luego del servicio.

Algunos desaparecerán de la iglesia luego de este servicio; otros quizás acudan nuevamente para uno de los servicios de la Semana Santa. Otros quizás acudan cada domingo, pero nunca con el mismo entusiasmo. Siendo sinceros, este siempre está fluctuando.

La verdad es que todas nuestras obras son efímeras y nuestro entusiasmo pasajero. Somos iguales a aquella multitud. Sin la capacidad de constancia y compromiso, esta es la verdad.

Sin embargo, nuevamente al inicio de esta cuaresma somos invitados y tenemos la oportunidad, una vez más, a reflexionar, arrepentirnos y ver la gracia de Dios que, por medio de su Hijo, y a través de la predicación de su Palabra, la absolución y la administración de los Santos Sacramentos, viene a nuestro encuentro para perdonarnos, afirmarnos en la fe y salvarnos.

Él sí es constante, fiel e invariable en su misericordia, gracia y promesas.

La cuaresma se trata de Jesús, recordándonos que él es quien destruye la obra del maligno, quitando de nosotros el pecado al sufrir su efecto pleno en su muerte y otorgándonos su justicia e inocencia.

Se trata de recordar y reflexionar en nuestra fragilidad y la consecuencia de nuestros pecados: “somos polvo y al polvo volveremos”. Sin embargo, Cristo es nuestra salvación, y su sangre es nuestra protección; no ponemos nuestra confianza en nuestras propias manos, sino en Jesús.

Cuaresma también es tiempo de mirar al Crucificado y ver lo terrible y serio que es el pecado, la muerte y el diablo. Pero también de contemplar el amor del Padre que no nos abandonó, sino que nos dio a su unigénito para salvarnos.

No desperdicies esta nueva oportunidad de oír el Evangelio, de ser perdonado por Jesús y de ser bendecido con la vida eterna que ganó para ti.

Que esta cuaresma sea un bendecido tiempo para todos.


En Cristo
Rev. Gerardo Omar Kinas
Obispo/presidente ILC Chile

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