“El inicio de una vida de constante catequesis”: profesión de fe en la Misión Concepción

Santo, santo, santo, SEÑOR de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. […] Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, SEÑOR de los ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. Isaías 6:3, 5-7

En la Misión Concepción, el pasado sábado 30 de mayo de 2026, celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad y la profesión de fe de Juan Lagos, Lorenna Altamirano, Lucio Bornhardt y Patrick Bornhardt. Estos cuatro somos los primeros catecúmenos con los que inició nuestra Misión Concepción, y ahora los primeros en confirmarse en esta misión. ¡La Iglesia está creciendo!

Por fin. Para mí ha sido un tiempo de espera. Así como el pueblo de Israel estuvo en el desierto esperando que el Señor nuestro Dios lo llevará a la tierra prometida, así he estado estos 10 meses de Catequesis, esperando a recibir el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de nuestro Señor Jesucristo en el Sacramento de la Santa Cena. Al ser aceptado oficialmente como miembro de la Iglesia Luterana Confesional de Chile y empezar a comulgar, ha sido Dios mismo el que me ha llevado a la tierra prometida. He cantado con todos los santos, ángeles y serafines: ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! Jesucristo mismo, el mismo que nació de la virgen María y fue crucificado en Jerusalén, el mismo que vendrá pronto a juzgar a los vivos y a los muertos, ha venido a mí, me ha tocado los labios y ha perdonado mis pecados. Me ha hecho parte de su banquete celestial.

Luego de un tiempo de Catequesis, hemos pasado al altar y confesado el Credo Apostólico. Y entre los votos que hicimos al profesar nuestra fe dijimos:  

P: ¿Confiesas que es fiel y verdadera la doctrina de la iglesia evangélica luterana, extraída de las Escrituras, como lo has aprendido en el Catecismo Menor?

R: Sí, lo confieso.

P: ¿Es tu intención escuchar la Palabra de Dios y recibir la Santa Cena fielmente?

R: Sí, lo haré con la ayuda de Dios.

P: Es tu intención llevar una vida que está de acuerdo con la Palabra de Dios y en fe, palabra y obra, permanecer fiel a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo incluso hasta la muerte?

R: Sí, lo haré con la ayuda de Dios.

P: Es tu intención seguir fiel en esta confesión e iglesia y sufrir todo, incluso la muerte antes de apartarte de ella.

R: Sí, lo haré con la ayuda de Dios.

El pastor Francisco Rafale Flores proclamó la Palabra de Dios, cómo ésta enseña sobre el misterio de la Santísima Trinidad. Hizo ver que cuando nos hacemos la señal de la cruz, no puede ser un acto meramente mecánico o mágico, sino que debe ser una confesión de fe. Al hacernos la señal de la cruz confesamos que el Padre es Dios, que el Hijo es Dios y que el Espíritu Santo es Dios, pero que no son tres dioses, sino un solo Dios. Así lo enseña el Credo de Atanasio. En esta fe fuimos bautizados. En esta fe fuimos catequizados. Esta fe es la que acabamos de profesar y seguiremos profesando día a día, incluso hasta dar la vida por ella.

La religión no es una cuestión de opiniones. No es una cuestión de búsquedas personales. Es Dios mismo el que nos llama mediante su Palabra, y quiere que seamos fieles testigos de la misma. La Iglesia Luterana Confesional cree, confiesa y enseña con claridad que la Biblia es Palabra de Dios, y que nuestro Catecismo Menor y las demás confesiones luteranas dan fiel testimonio de las Escrituras. Con el Catecismo Menor de Lutero hemos estudiado los Diez Mandamientos, el Credo Apostólico y el Padrenuestro, así como el Santo Bautismo, el Oficio de las Llaves y la Santa Cena. Una de las principales razones por las que sé que Dios me quiere en la Iglesia Luterana Confesional de Chile, es porque es la Iglesia que más claramente cree, confiesa y enseña que el pan y el vino de la Santa Cena son el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de nuestro Señor Jesucristo. A través de la historia muchos han dado su vida por dar testimonio de estas cosas. Nosotros también estamos dispuestos a hacerlo.

Ha terminado esta etapa de Catequesis, pero no es el fin, sino el inicio de una vida de constante catequesis. De escuchar día a día la Palabra de Dios. De confesar día a día nuestra fe. De celebrar semana a semana la Palabra de Dios y los Sacramentos. ¡Alabado sea este único Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo! ¡Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas! ¡A él sea la gloria por los siglos! ¡Amén!

Tributad al SEÑOR, oh hijos de los poderosos,

Dad al SEÑOR la gloria y el poder.

Dad al SEÑOR la gloria debida a su nombre;

Adorad al SEÑOR en la hermosura de la santidad.

Salmo 29:1-2

Patrick Bornhardt

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