Noche Buena y Navidad: Dios hecho hombre para nuestra salvación

Obra: “La Natividad”, Giotto. Fresco en la Capilla Scrovegni (c. 1305), Padua, Italia.

Cada año, en la Noche Buena y en la celebración de la Navidad, la Iglesia cristiana confiesa uno de los misterios más profundos y consoladores de la fe: Dios se ha hecho hombre. Pero, no celebramos simplemente el nacimiento de un niño ni tampoco se trata una antigua historia terrenal cargada de ternura y emoción, sino que es el cumplimiento de la promesa divina de salvación.

En Jesucristo, el Hijo eterno del Padre, Dios entra en nuestra historia para rescatarnos del pecado, de la muerte y del poder del diablo.

La Navidad no se trata de lo que nosotros hacemos o sentimos, sino de lo que Dios hace por nosotros sin medida y solo por gracia y amor.

Noche Buena: Dios entra en la noche

La narrativa bíblica nos coloca en una noche común, silenciosa, fría y oscura. Pastores velaban por sus rebaños en los campos de Belén cuando el ángel del Señor se les apareció con un anuncio que cambiaría la historia para siempre:

“El ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.” (Lucas 2:10–11).

La Noche Buena no nos es presentada como una noche ideal o perfecta. Es una noche de trabajo, de cansancio y de vigilancia. Precisamente allí, en medio de la oscuridad real de este mundo, Dios irrumpe con su luz. Él no espera que la noche pase ni que los hombres se preparen mejor; Él entra en la noche para traer la salvación prometida.

Este anuncio sigue siendo buena noticia para nosotros todavía hoy. Dios no se mantiene distante o ausente frente a nuestras noches de temor, angustia, culpa o incertidumbre. En Cristo Jesús, Dios se acerca solo por gracia y nos dice palabras de consuelo, misericordia y paz.

Navidad: el Verbo se hizo carne

El evangelista San Juan expresa el misterio de la Navidad con palabras sencillas y profundas:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14).

Con este pasaje la Iglesia toda confiesa que el Hijo eterno de Dios asumió plenamente nuestra humanidad. No vino solo en apariencia ni como símbolo, sino en carne y sangre, verdadero Dios y verdadero hombre. El Creador entra en su creación. El Santo nace de una mujer. El Señor del cielo se deja envolver en pañales, conforme a lo profetizado.

Martín Lutero destaca que la encarnación no debe entenderse como una idea abstracta, sino como un consuelo totalmente concreto para el pecador. En un sermón de Navidad afirma:

“Dios se hizo hombre para que el hombre sepa con certeza que Dios no está enojado con él.” ¹

La encarnación es, por tanto, Evangelio puro: Dios se acerca al ser humano no para juzgarlo, sino para rescatarlo, para salvarlo para siempre.

El pesebre ya apunta a la cruz

Desde una perspectiva luterana confesional, la Navidad nunca se entiende aislada del resto de la obra de Cristo. Por eso hoy en día no es una simple cosa, un Servicio Divino optativo o desconectado de nuestra vida, casi como un estorbo a nuestra fiesta familiar del día 25 de diciembre, al contrario, asistimos contentos y agradecidos al Servicio de Navidad, como cristianos. Resulta que la Navidad es el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, ese niño que yace en el pesebre es el mismo que un día cargaría la cruz por algo, o por alguien, mejor dicho: ¡por ti y por mí, por toda la humanidad! El propósito de su nacimiento es claro: venir a salvar a los pecadores.

El apóstol Pablo lo expresa así:

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, 5 para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.” (Gálatas 4:4–5).

Por tal motivo y razón, mis hermanos, Lutero puede afirmar con claridad cristológica lo siguiente:

“Este niño, que yace en el pesebre, es el Señor del cielo y de la tierra.” ²

Navidad sin la cruz se vuelve sentimentalismo; Navidad entendida desde la cruz se convierte en el anuncio de tu redención. Cristo nace bajo la ley para cumplirla por nosotros y para cargar sobre sí nuestra culpa.

¿Qué celebra realmente la Iglesia en Navidad?

La Iglesia no celebra principalmente tradiciones, emociones ni un ambiente especial. Celebra que Dios ha cumplido su promesa. Celebra que el Salvador ha venido.

El teólogo luterano confesional C. F. W. Walther lo expresa de manera precisa al aplicar la distinción entre Ley y Evangelio:

“La Navidad es puro Evangelio, porque no exige nada del pecador, sino que le entrega al Salvador.” ³

La Navidad no nos llama primero a hacer algo, sino a recibir. Recibir el don de Dios, recibir el perdón de los pecados, recibir la vida eterna que Cristo trae consigo. Todo esto se recibe por la fe, como un regalo inmerecido. Estamos llamados a creer y confiar en el grande amor que Dios nos ha regalado en su Hijo por amor a nosotros.

Un consuelo para hoy

En la Noche Buena y en la Navidad, la Iglesia sigue proclamando lo mismo que los ángeles anunciaron a los pastores: “Os ha nacido un Salvador”. Este anuncio no pertenece solo al pasado. Es palabra viva para hoy, queridos hermanos y lectores de este artículo de la Iglesia Luterana Confesional de Chile.

El teólogo luterano Herman Sasse resume el alcance de la Navidad con palabras sobrias y llenas de esperanza:

“La Navidad proclama que Dios ha entrado irrevocablemente en la historia humana.” ⁴

Donde hay oscuridad, Cristo es la luz. Donde hay culpa, Él trae perdón. Donde hay temor y muerte, Él trae paz y vida. En el niño de Belén, Dios nos dice que no estamos solos y que nuestra salvación está asegurada en su Hijo, para siempre. Y sobre esa certeza Dios nos acompaña y consuela, sobre esa certeza Dios nos llama a creer y confiar, sobre esa certeza Dios nos llama a enseñar a nuestros niños en casa y enseñarles el camino a la iglesia para que a futuro sean ellos quienes sean utilizados por Dios mismo como instrumentos para que muchos crean y se salven, por causa de Aquel que vino viene y vendrá: el Señor Jesucristo.

Jesús vino:

Lucas 2:11: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.” (Su nacimiento).

Juan 1:14: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…” (Encarnación).

Isaías 53:4-6: Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. (El Cordero de Dios que quita el pecado, se entrega en la cruz).

1 Pedro 2:24: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.” (El Cordero de Dios que quita el pecado, se entrega en la cruz).

Jesús viene:

Juan 14:23: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” (Su presencia en la Palabra y la vida del creyente).

1 Corintios 11:26: “Así, pues, todas las veces que coméis este pan, y bebéis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (El sacramento eucarístico como en memoria y verdadero anticipo de la presencia real de los dones de Jesús).

Hechos 2:33: “Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.” (en este y otros versículos de Hechos 2, vemos que la venida del Espíritu Santo llena a la Iglesia, haciendo presente a Cristo en el mundo).

Jesús vendrá:

Mateo 24:30: “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.” (Segunda venida de Jesús).

Apocalipsis 22:12, 20: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”; “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.”. (Segunda venida de Jesús).

Así, la Navidad no es solo una fecha en el calendario, sino una confesión de fe: Dios se hizo hombre para que nosotros tengamos vida en Él.

En el santo nombre de Jesús. Amén.

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Citas:

1Martín Lutero, Sermón de Navidad (sobre Juan 1:14), en Obras de Martín Lutero, Editorial Aurora, tomo II, Sermones sobre el Evangelio de Juan, sección Navidad.

2Martín Lutero, Postilla de Navidad sobre Lucas 2:1–14, en Obras de Martín Lutero, Editorial Aurora, tomo I, Postillas de la Iglesia (Kirchenpostille), ciclo de Navidad.

3C. F. W. Walther, La correcta distinción entre Ley y Evangelio, en Obras Selectas de C. F. W. Walther, Concordia Publishing House, edición inglesa estándar (Lección correspondiente a la aplicación del Evangelio en las fiestas cristológicas).

4Hermann Sasse, Jesucristo es el Señor, traducción castellana, Buenos Aires: La Aurora (colección teológica), capítulo sobre la Encarnación y el Año Cristiano.

Nota: Las citas a las obras de Martín Lutero corresponden a la edición castellana de Editorial Aurora (10 tomos). La paginación puede variar dependiendo de la reimpresión; eso explica la indicación de tomo y sección litúrgica correspondiente. 2) Las citas bíblicas corresponden a la versión Reina-Valera 1960.

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Rev. Marcelo Rivas Flies

Pastor Iglesia Luterana Confesional Cristo Redentor, Viña del Mar (Servicio Divino: Domingo 10:30 hrs.)

Capellán Colegio Luterano Concordia, Viña del Mar

Calle 4 #2035, Santa Inés, Viña del Mar

Contacto: +56942768351

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