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Cristo, el Siervo que nos sirve

“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.” (Marcos 10:45)

La Iglesia Luterana Confesional de Chile reconoce en estas palabras el corazón del Evangelio: Nuestro Señor Jesucristo se revela no como un rey que exige honores, sino como el Siervo que entrega su vida. Sin embargo, para muchos resulta más sencillo pensar en cómo ellos pueden servir a Dios, que en aceptar humildemente que es Cristo mismo quien, en su gracia, nos sirve. Esta dificultad no debe convertirse en una barrera, pues la fe descansa en la certeza de que el Señor nos sirve primero.

El servicio de nuestro Señor se hace presente en el Servicio Divino, donde Dios mismo nos entrega el perdón mediante los medios de gracia: el santo Bautismo, la Santa Cena y la confesión con la absolución. Allí, no somos nosotros quienes ofrecemos algo a Dios, sino que es Él quien nos da su misericordia y vida eterna en Cristo. La liturgia luterana confiesa con claridad que el Servicio Divino es, ante todo, el servicio de Dios hacia su pueblo.

Este servicio se prolonga en la vida diaria, cuando el Espíritu Santo nos guía a vivir en amor mutuo. Así, el Señor obra en nosotros para que podamos ayudar al prójimo necesitado. El amor que recibimos de Dios se convierte en amor compartido, reflejo de la cruz de Cristo en nuestra vocación cotidiana.

Un ejemplo concreto de este obrar lo hemos presenciado en la última semana de febrero, cuando nuestro Señor Jesucristo sirvió a las familias de Catherine Poza y Elaine Lyion en la reconstrucción de sus hogares. Este servicio se manifestó a través de los voluntarios provenientes de misiones en Argentina, quienes trabajaron con esfuerzo y dedicación. En sus manos y corazones se hizo visible el amor de Dios, que no se queda en palabras, sino que se encarna en acciones concretas de ayuda y consuelo.

Cristo sirve a su Iglesia en el Servicio Divino, en la comunión fraterna y en las obras de misericordia. Nosotros, como pueblo redimido, somos llamados a reconocer y recibir ese servicio con gratitud, y a ser instrumentos de su amor en el mundo. Así confesamos, con palabras, que toda obra de servicio nace del Señor que primero nos sirvió en la cruz y continúa sirviéndonos hoy mediante los dones.

Posdata: Rev. Kevin Orihuela

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