“Alabad a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia.” (Salmo 136:1)
Cuando las lluvias y los vientos fuertes dañan las casas, la electricidad se corta y traen preocupación a tantas familias, el salmo nos recuerda algo que nunca cambia: la misericordia del Señor no tiene fin.
Y es así como la Iglesia Luterana Confesional de Chile estuvo presente en el cerro Achupallas. Con el apoyo de los alumnos del Colegio Luterano Concordia Valparaíso y el capellán Pablo Gonzales, se entregó alimentos. Esto no fue solo ayuda material, también se compartió el consuelo del Evangelio.
Este servicio no es simple solidaridad humana: es la gracia de Dios actuando en medio de los creyentes. Así como Cristo se entregó por nosotros, ahora su misericordia se ve en las manos que ayudan, en los pies que llegan hasta el necesitado y en las voces que anuncian esperanza.
La confesión luterana nos enseña que toda obra de amor nace de la fe en Cristo, quien nos amó primero. Por eso, cada gesto de servicio es también una confesión pública de que Dios es bueno y que su misericordia permanece para siempre.
En tiempos difíciles, la Iglesia no se esconde, sino que se levanta como cuerpo de Cristo. La verdadera fuerza no está en lo que podemos hacer por nosotros mismos, sino en la promesa segura del Señor que nunca abandona a los suyos. La ayuda entregada es un signo visible de la comunión de los santos y de la certeza de que, aun en medio de la tormenta, la misericordia divina brilla con el amor.
“El que ama Dios, ame también a su hermano” 1 juan 4:21
Posdata: abajo están algunas fotos tomadas durante las actividades por el encargado de la actividad, Rev. Kevin Orihuela.






