Sembrar la Palabra: educación luterana y misión
“Instruye al niño en el camino que debe seguir” (Proverbios 22:6).
Entre el 22 y el 25 de julio de 2026 se llevó a cabo en Restinga Sêca (Rio Grande do Sul, Brasil) el Primer Encuentro de Escuelas Luteranas de Latinoamérica y el Caribe (ELAEL), un hito significativo para la educación confesional luterana en nuestra región. Más de 500 educadores, directivos, pastores y colaboradores de Brasil, Argentina, Uruguay y Chile se reunieron con un propósito común: reflexionar, fortalecer y proyectar la identidad de la escuela luterana en el contexto latinoamericano.
La delegación chilena, compuesta por representantes de nuestros dos colegios luteranos Concordia de Viña del Mar y Valparaíso, estuvo integrada por la Directora Betzabeth Leiva y el Pastor/Capellán Marcelo Rivas Flies, junto al Director Rodrigo Lobos y el Pastor/Capellán Pablo González. Aunque pequeña en número, fue una participación activa y significativa, marcada por el testimonio común de la obra que el Señor realiza en nuestro país.
Como delegación chilena, fuimos pocos en número, pero conscientes del honor y privilegio que no íbamos en nuestro propio nombre, sino como parte de la obra que Dios realiza en nosotros y a través de nosotros. Y eso fue, quizás, lo más significativo del encuentro: descubrir nuevamente que la Iglesia de Cristo no se encuentra limitada por nuestras realidades locales, sino más bien, que Él sigue obrando en distintos lugares, levantando escuelas, maestros y pastores para: que todos crean y se salven.
La escuela como lugar donde Cristo es dado
En medio de exposiciones, talleres y presentaciones, se hizo evidente una verdad que a veces necesitamos volver a escuchar:
la escuela luterana existe porque Cristo es necesario.
No basta formar buenos ciudadanos o promover valores, aunque eso también tiene su lugar e importancia. La razón más profunda es que nuestros niños y jóvenes necesitan el Evangelio, necesitan ser llevados a Jesús.
Por eso, al compartir el trabajo de capellanía en nuestros colegios, se destacó algo sencillo pero esencial: que toda nuestra labor gira en torno a tres realidades concretas:
- La misericordia, porque Cristo nos amó primero y ese amor se traduce en servicio al prójimo.
- El testimonio, porque la fe viene por el oír la Palabra de Dios.
- La vida en comunidad, porque no caminamos solos, sino como cuerpo de Cristo.
Esto no es teoría. Se vive en la oración con los estudiantes, en la enseñanza, en el acompañamiento en momentos difíciles, en la cercanía con las familias. Allí, muchas veces en lo cotidiano y sencillo, Dios está obrando
En este encuentro, Dios no solo nos permitió compartir experiencias y conocer de esto o aquello, sino que también Dios nos encaminó para volver a una pregunta fundamental: ¿por qué existen las escuelas luteranas?
La respuesta a dicha interrogante nos lleva sin duda a la misma Reforma. Recordemos que Martín Lutero, en sus escritos a las autoridades y a la Iglesia, insistió con fuerza en la necesidad de establecer escuelas cristianas. No lo hizo por un interés meramente cultural o académico, sino que por algo profunda y esencialmente pastoral: si los niños no son formados en la Palabra de Dios, el Evangelio se pierde de generación en generación. Por eso, él veía la educación como una responsabilidad tanto de la Iglesia como de la familia y la sociedad toda, por tratarse esta de un ámbito donde Dios mismo obra para preservar la fe y la verdad, que solo en Cristo hay salvación, y por la misma fe sembrada enseñar a servir al prójimo con el amor de Dios.
Por supuesto que es bueno si podemos tener colegios, proyectos educativos y muchas actividades… y, sin embargo, podemos también perder el centro. Existe siempre el peligro de reducir la educación a valores, rendimiento o formación humana. Pero la Escritura es clara: “Hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12 RVR 1960). Sin Cristo, incluso nuestros mejores esfuerzos quedan incompletos, porque el problema más profundo del ser humano no es la falta de educación, sino el pecado.
Por eso, el corazón y centro de una escuela luterana no está en lo que nosotros hacemos, sino en lo que Dios hace por medio de su Palabra. En nuestros colegios, esto se expresa de manera concreta en la vida de capellanía: la enseñanza del Evangelio, la enseñanza y práctica de la oración, el acompañamiento pastoral a la comunidad escolar y el barrio donde esté emplazada la escuela luterana, el servicio misericordioso al prójimo y la vida en comunidad. Muchas veces en lo sencillo y cotidiano, entre bancos, libros, lápices de colores y un patio, Cristo mismo viene a encontrarse con niños, jóvenes y sus familias, para invitarlos a un patio mucho más elevado: el cielo.
“Dejen a los niños venir a mí, y no se lo impidan, porque de los tales es el reino de Dios” (Marcos 10:14). No somos nosotros quienes llevamos finalmente a los niños a Cristo; es Cristo quien, por su gracia, los llama, los recibe y les da vida.
Uno de los gestos más significativos del encuentro fue la plantación de un olivo. Es una imagen sencilla, pero profundamente bíblica: sembrar hoy confiando en lo que Dios hará mañana. Así es también la educación cristiana. Muchas veces será común que no veamos los frutos de inmediato, pero confiamos en la promesa: “Así será mi palabra… no volverá a mí vacía” (Isaías 55:11).
Para nosotros en Chile, donde las realidades son pequeñas y los desafíos grandes, este encuentro es también un consuelo y una exhortación. No estamos solos. Formamos parte de una misma confesión, de una misma misión, de una misma obra que el Señor sostiene.
La pregunta que queda es sencilla y necesaria: ¿vemos nuestras escuelas como verdaderos campos misioneros?
Una invitación para nuestra Iglesia
Este Primer Encuentro de Escuelas Luteranas de Latinoamérica y el Caribe es también nos invita a todos como Iglesia Luterana Confesional de Chile. Nuestras escuelas no son solo proyectos educativos: son campos misioneros, lugares donde Cristo es proclamado a niños, jóvenes, docentes y familias.
Pidamos que el Señor siga velando por nosotros y nos conceda fidelidad para seguir sembrando su Palabra, sosteniendo esta obra con oración, compromiso y esperanza, sabiendo que Él es quien da el crecimiento y aprender nunca ocupa espacio de más en nuestras vidas, sobre todo si se trata de la Palabra de Dios.
“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” Romanos 10:17 RVR 1960
Que Dios les guarde y bendiga ricamente a todos en Cristo Jesús, ahora y por los siglos. Amén.
Pastor/Capellán Marcelo Rivas Flies
Iglesia Luterana Confesional Cristo Redentor
Colegio Luterano Concordia
Calle 4 #2035, Santa Inés, Viña del Mar, Chile








