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✝️ ¡Cristo ha resucitado! ¡En verdad ha resucitado!

Un anuncio que transforma la Pascua y la vida de la Iglesia

“¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?” (Lucas 24:5).

Con esta pregunta, los ángeles en el sepulcro proclamaron la verdad que sostiene a la Iglesia desde hace dos mil años: Jesús, el Crucificado, vive. La Pascua no es un símbolo, ni un mito, ni un recuerdo sentimental; es el acontecimiento histórico y salvífico por el cual Dios confirmó que la obra de Cristo en la cruz fue perfecta, suficiente y victoriosa.

La Pascua ha llegado nuevamente a la Iglesia, y lo hace con la resurrección de nuestro Salvador, quien vino para dar su vida en nuestro lugar. Él cargó con nuestro pecado, descendió a la muerte y la venció, no para sí mismo, sino para nosotros, para que tengamos vida eterna y la certeza de que ni el pecado, ni la muerte, ni el diablo tienen la última palabra sobre los que pertenecen a Cristo.

En todo el mundo, muchos se regocijan en este día esperado, porque tenemos un Dios que venció la muerte y abrió para nosotros el camino hacia su Reino eterno. La alegría pascual no es un optimismo humano, sino la certeza objetiva de que Cristo vive y reina.

Sin embargo, para otros, la Pascua se ha reducido a un día para comer huevos de chocolate, un momento de tradición cultural más que de fe. Para muchos, el conejo y los dulces ocupan el lugar central, mientras la resurrección del Salvador queda relegada al olvido. Pero esta trivialización no le quita verdad ni poder al acontecimiento pascual.

Cristo ha resucitado, aunque el mundo prefiera celebrar lo creado antes que al Creador. Y esta verdad tampoco pierde su gozo, porque todo cristiano está llamado a recordar y vivir la Pascua más profundamente que cualquier costumbre pasajera. Ningún huevo de chocolate —y ciertamente ningún conejo que no dio su vida por nosotros— puede compararse con el Evangelio del Crucificado y Resucitado.

Por eso, como Iglesia, llamados a proclamar el Evangelio de Cristo a un mundo pagano que da más importancia a lo superficial que a lo eterno, nos alegramos profundamente por lo vivido junto a nuestros adultos mayores de Villa Independencia este Jueves Santo. Ellos celebraron la Pascua no solo con los tradicionales huevos, sino —y sobre todo— escuchando el mejor y más dulce regalo que podemos recibir: el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, que anuncia con autoridad divina que Él ha resucitado de entre los muertos.

Esta proclamación no es solo memoria; es promesa. La resurrección de Cristo es la garantía de lo que acontecerá con nosotros en los tiempos finales, cuando Él venga por segunda vez y nos lleve a su Reino eterno en los cielos. Así como Cristo vive, también nosotros viviremos.

Por eso hoy, con la Iglesia de todos los tiempos, confesamos con gozo:

¡Cristo ha resucitado!

¡En verdad ha resucitado!

Reverendo Kevin Orihuela pastor misionero.

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