Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. (Mat 24:14 R60)

 

Como Luteranos y cristianos, sabemos que la palabra de Dios trae el reino de los cielos. La Palabra no es insulsa o vacía, no cae en un saco roto. Sólo hay dos caminos: genera fe para salvación o genera condenación.

Hace más de dos años, una hermana – Belkis- proveniente de Venezuela, me extendió la invitación a predicar la Palabra dentro de su familia. ¿Qué es lo que más extrañaba? ¿Ansiaba sus amistades? ¿O sentarse a la mesa con el Señor? Lejos de todo, pero cerca de Dios, me hizo una petición a la que ningún pastor luterano podría rehusarse, a proclamar la palabra de Dios en un nuevo contexto.

Después del estallido social y la pandemia con encuentros que fueron cada dos meses -en los mejores momentos hoy- el trabajo en el Quisco cuenta con cierta rutina. Una vez al mes tenemos escuela bíblica , catequesis para adultos y servicio divino.

 

 

Dos niños han abrazado la fe Cristiana recibiendo el santo Bautismo - y varios adultos ya se prepararan para la confirmación 

 

Además, ellos han abierto su corazón a sostener con sus bienes y dones la proclamación del evangelio. Quién sabe, quizás el ultimo a ser bautizado lo es, quizás el ultimo escucha el evangelio, allí en el Quisco y entonces el fin -Mt. 24.14. Ven Señor Jesús!