Este ha sido el lema de la iglesia luterana confesional durante los últimos años. Sin embargo, durante la próxima asamblea que se realizará en el mes de mayo de este año se elegirá un nuevo lema, dejando el anterior atrás.

Pero cabe preguntarnos: ¿hemos hecho honor a este lema como iglesia? Particularmente creo que sí. Si revisamos rápidamente el trabajo de la iglesia estos últimos cinco años nos encontraremos con varias obras de misericordia; no solo dentro de nuestras congregaciones y misiones, sino también en cada una de las instituciones ligadas a nuestra iglesia, como lo son los Colegios Luteranos y la Fundación Casa Betesda.

Damos gracias a Dios porque las oportunidades de servicio no nos han faltado, y por sobre todas las cosas, a pesar de la gran cantidad de dificultades que como país y a nivel mundial se han vivido en el tiempo como son las manifestaciones, el éxodo de inmigrantes que llego a nuestro país, la pandemia del Covid-19 y otras catástrofes naturales, generando un sinfín de necesidades, desafíos, incertidumbres, dolor, pérdidas, limitaciones, prohibiciones y muerte. Aun podemos alegrarnos y agradecer porque la iglesia no perdió el rumbo y siempre tuvo con el favor de Dios los recursos del Evangelio de Cristo para pastorear, consolar y servir con amor en cada uno de estos escenarios. Es Señor que nos justificó mediante su expiación vicaria, amándonos hasta el punto de consumirse por nosotros, entregándose a la muerte de la cruz y logrando perdón vida y salvación quien nos llama a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y de quien emana el servicio y amor en cuerpo y alma para con nuestros semejantes. Nos instruye para que cada cosa que hagamos por uno de estos pequeños, la hagamos como para Cristo mismo. Por lo cual no hay mejor forma de servir a Dios que siendo misericordiosos con nuestro prójimo como nuestro Padre lo es para con nosotros.

 

El fin del lema no significa el fin del servicio y amor al prójimo en cuerpo y alma, al contrario: la iglesia representada en cada uno de los cristianos debe continuar sirviendo; no es un lema el que nos debe motiva a servir, sino los frutos de la fe que hemos recibido de Cristo. Para ello Dios le ha dado a su iglesia; ósea a ti y a mí tanto particularmente como generalmente todas las bendiciones y recursos a fin de que el Evangelio, la buena noticia del perdón, amor y misericordia de Dios puedan ser compartidas en cuerpo y alma con todos nuestros semejantes.

¿Es responsabilidad de la iglesia preocuparse por los pobres, afligidos, necesitados, las viudas y enfermos? No, no lo es, no es la responsabilidad… Es el privilegio que Dios nos da de servirlo a Él sirviendo a nuestro prójimo. ¨Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Evangelio según San Mateo 25.35-40.

Amado Señor Jesucristo gracias por tu inmensurable amor para con nosotros tu iglesia la cual has comprado con tu propia sangre, ayúdanos a amarte y servirte con corazones agradecidos en nuestro prójimo. Amén.

Rev. Omar Kinas