Zoé, es el primer nombre de una de las hijas del Pastor Gerardo Omar Kinas, expresidente de la Iglesia Luterana Confesional de Chile. Zoé, (Ζωή - griego) es una de las tres palabras que significan “Vida” en el Nuevo Testamento, las otras dos son “Bíos” y “Psujé”. La palabra Zoé, resume en la vida de esta niña de seis años, el don maravilloso que Dios nos ha dado por medio del nacimiento terrenal. Nacer es uno de los eventos extraordinarios y únicos que suceden en la cotidianidad de la raza humana. Sin embargo, es tan poco apreciado y valorado por nuestra sociedad moderna, que miramos este “don de Dios”, de manera tan superficial, corriente y aún con desprecio, altivez y soberbia. Pasamos por alto el gran milagro de la creación y lo definimos como un evento más de los miles de prodigios que ocurren cada día en nuestra humanidad.   

 

Reflexionar sobre el nacimiento y el desarrollo de la “vida humana”, es uno de los temas sociales más controversiales en la actualidad: ¿Quién es el creador de la vida? ¿Cuándo comienza? ¿Qué valor tiene en nuestra sociedad? ¿Quién tiene derecho sobre ella? ¿Es la vida mi decisión? Y como tal, ¿puedo hacer con ella lo que quiero? ¿quitarla o darla cuando yo decida?... son preguntas que tienen una diversidad de respuestas desde todos los aspectos de nuestra sociedad “moderna” y que muchos han tratado de explicarla; astrónomos, biólogos, astrofísicos y otros. Cada grupo social o individual quiere y exige tener su propia respuesta al concepto y desarrollo de la vida humana. Nuestra sociedad fluctúa entre lo físico, lo social, lo moral y lo espiritual, para dar una conclusión convincente al concepto de la vida. Creemos que este “don”, es algo que nos pertenece y que nuestra respuesta es la única verdad. Como sociedad nos hemos olvidado quien tiene la verdad absoluta y respuesta única y correcta al concepto de la vida humana. Es por ello, que debemos ir a aquel que desde el mismo génesis de la creación, creo la vida. Aquel que desde antes de la fundación del mundo, ya había concebido dar la “vida” a sus criaturas especiales. Podemos argumentar sobre quien es el autor y su exacto significado en el libro que nos ha dejado: “Las Sagradas Escrituras”, porque solo en ella podemos encontrar todas las respuestas que necesitamos para comprender el maravilloso y extraordinario desarrollo de la vida humana como uno de los dones más preciados de Dios.

Dios dice: “entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gé 2:7). Dios nos enseña que la vida humana tuvo su origen y principio en Él, al crear del polvo de la tierra a nuestros primeros padres; Adán (אָדָם), que significa “hecho de tierra”, y soplar sobre su nariz el aliento de vida, Eva ( חוה ), que significa “fuente de vida”. Así dio comienzo a la raza humana. El termino hebreo usado para “vida” es

( חַיִּים - “hayyin”), y es conceptuada en la mentalidad hebrea como un “cuerpo animado” unido en cuerpo y alma, que mantiene el ser integral en equilibrio, armonía y unidad. Es casi el mismo concepto de la palabra Zoé en el N.T., ambas tienen la idea de aclarar el significado de la vida en su sentido divino. Aun cuando en el principio de la creación Dios creo a todos los seres vivos, el ser humano es el único que comparte con Dios su “aliento de vida” (“rûaj”). Es un “ser viviente” con características únicas, en lo físico, social, mental y espiritual.

Dios, por medio de nuestros primeros padres Adán y Eva, continuo con su obra creadora, al permitir que ellos engendraran a las generaciones futuras. Así, por medio de la unión de un hombre y una mujer en el santo estado del matrimonio, Dios continúa creando y sustentando el don de la vida en cada una de las etapas del desarrollo humano; desde la concepción, es decir desde la fecundación, hasta la vejez. La Santa Ley de Dios dice: “Honra a tu padre y a tu madre para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor, tu Dios te da” (Ex 20:12). En su explicación del cuarto mandamiento; el Dr. Lutero recuerda a los hijos el don único de la vida que han recibido a través de la procreación. Por ello, los hijos deben honrar, amar y obedecer a sus padres y superiores por el hecho de que son coparticipes en la creación del don de la vida, así como la mantención, apoyo y protección de ella por medio de las autoridades que ha establecido en el hogar, el gobierno, la escuela y la iglesia. Los padres son los representantes de Dios en la tierra.

En Éxodo 20:13 dice Dios: “No Mataras”. Ordena y exhorta al ser humano que Él es el autor y creador de la vida, que Él la sostiene y preserva, y, que solo Él tiene el derecho de quitarla en su soberana voluntad. Este mandamiento protege la vida humana, dando especial dignidad en cada una de sus etapas de desarrollo.   Con tristeza vemos como la Palabras de Dios, ha sido desplazada a un lado y suplantada en nuestra “sociedad civilizada” por nuestros razonamientos, argumentos y juicios. Hemos tomado nosotros el control del don de Dios de la vida humana, que tan claramente protege Dios en el quinto mandamiento, y puestos nuestras propias ideas y decisiones. La vida es un don precioso y tomarla está prohibido (Gé 9:5; Lev 24:17).

El 30 de diciembre del año 2020, el estado Argentino estableció que el aborto inducido es legal y gratuito. En cifras mundiales, anualmente hay 25 millones de abortos. Cada día, más países crean leyes que van en contra de la vida humana en la etapa de la concepción. La Eutanasia, acabar con la vida de una persona en sufrimiento, sin dolor, gana más adeptos y “defensores” en la sociedad.  El Suicidio, el acto por el que una persona se provoca la muerte de forma intencionada, es la novena causa de muerte a nivel mundial. Estos eventos “trágicos”, son solo aspectos pecaminosos y amoral de nuestra sociedad, donde dejamos a Dios de lado y decimos yo tengo el control de la vida humana, quebrantando la Santa Ley de Dios. Todos estos actos que tienen como finalidad quitar la vida de una persona en cualquier etapa del desarrollo humano son infracciones a la voluntad de Dios. Lutero nos recuerda: “Con el quinto mandamiento, Dios quiere proteger, liberar de persecuciones y poner en seguridad a toda persona frente a cualquier maldad y violencia de los demás, habiéndole colocado como una muralla protectora, una fortaleza y un lugar de refugio en torno al prójimo, de modo que no se le haga ningún mal y perjuicio en su cuerpo” (CMa).

Dios conoce al ser humano, sabe que somos pecadores, entiende que por nuestra propia inclinación hacia la desobediencia, indisciplina y transgresión de su Palabra, no podemos cumplir sus estatutos, cuidar y proteger el don maravilloso de la vida humana en cada una de sus etapas de desarrollo. Es por ello que el Padre celestial buscó la manera de dar vida nuevamente a sus hijos desobedientes e inmediatamente después de la caída en el pecado, promulgo la primera promesa, conocida como el proto-evangelio: ““Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tú le morderás el talón».(Gé 3:15). Dios, por medio del apóstol Pablo dice: “La paga del pecado es muerte…más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro 6:23). La vida humana, con la entrada del pecado al mundo, tuvo consecuencias espirituales, temporales y eternas en la relación con el creador. Pero Dios, por medio de la “simiente de la mujer” ha venido para darnos vida nuevamente; “… yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”. (Jn 10:10).

El plan perfecto de Dios Padre fue enviar a su Hijo unigénito, Jesucristo, quien tomó nuestro lugar en la sentencia de Dios. Cumplió perfectamente las ordenanzas y preceptos divinos resumidos en los 10 mandamiento. Fue nuestro sustituto en las exigencias que Dios había establecido para cada ser humano. La doctrina bíblica que trata de la redención que Cristo hizo por todos los hombres, se denomina la “satisfacción vicaria”; aquella obra que solo el Hijo unigénito de Dios encarnado podía realizar. La palabra “redención” significa “comprar a un precio”, el pago de Jesús para redimirnos del pecado, de la muerte y del poder del diablo, y darnos vida nuevamente, no fue otro que su preciosa sangre derramada en la cruz del calvario; “Como bien saben, ustedes fueron rescatados de la vida absurda que heredaron de sus antepasados. El precio de su rescate no se pagó con cosas perecederas, como el oro o la plata, sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto. (1 P 1:18-19). Esta satisfacción vicaria de Jesús es expresada en la exigencia de Dios de cumplir toda la ley perfecta en lugar de todos los hombres. Mediante su perfecta obediencia, tanto pasiva y activa, Cristo ha logrado reconciliarnos con Dios Padre. Su resurrección es la prueba absoluta de que Dios ha aceptado el sacrificio de Cristo y que ahora nosotros somos hechos hijos amados de Dios por medio del Bautismo, nuestro nuevo nacimiento.

Jesus resucitado encomendó a sus discípulos de ir y dar vida espiritual a las naciones a través del Bautismo: “18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt 28:18-19). El sacramento del Santo Bautismo, es el don de Dios para darnos vida nueva, para traernos nuevamente a su reino de gracia, para purificarnos en el nuevo nacimiento; “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,” (Tito 3:5). El Bautismo es el medio que Dios usa a través del Espíritu Santo para engendrar la vida espiritual en cada ser humano que por medio de la fe verdadera viene a las aguas bautismales. Jesús dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios…  que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. (Jn 3:3,5). El nuevo nacimiento es la obra 100% de Dios en la vida de cada ser humano. El Bautismo es nuestra entrada a la iglesia, donde Dios por medio de su Palabra y los Sacramentos nutre la nueva vida que hemos recibido por medio de los méritos de Cristo.

Zoe fue bautizada a los pocos días de nacidas, recibiendo así la nueva vida que Dios otorga a través del Bautismo. Vida que Dios otorga a cada persona haciéndola su hijo e hija e integrándola al reino de su amado Hijo Jesucristo. La vida es el don más preciado que Dios nos ha dado, y debemos vivir como hijos agradecidos sirviendo y ayudando a que prospere en todas las necesidades de la vida. Nuestra sociedad cada día enfoca el don de la vida desde sus respectivas apreciaciones y argumentos, Dios nos ha puesto como iglesia para proclamar que la vida es un don de Dios, que solo él tiene el derecho inalienable de dar y quitar en su soberana voluntad y que por medio de Cristo nos ha perdonado nuestros pecados, nos ha redimido de la muerte y del poder del diablo y nos ha llevado a su reino de gracia donde nos sostiene y nos alimenta con sus dones. Estas son las buenas noticias que Dios, el autor de la vida tiene para cada hombre mujer, niños o adultos de nuestra sociedad.       

      

Constitución, 7 de marzo del 2021.

“Ensayo Teológico”

Autor: Adrián José Ventura Marín.

 

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