Alrededor de 1393 comidas calientes fueron distribuidas en el Apartahotel San Francisco 415, ubicado en el centro de Santiago.

El miércoles 12 de agosto de 2020, iniciamos nuestra “olla común”, la cual se mantuvo con constancia hasta el día 21 de octubre, por lo que vecinos y trabajadores de la zona ya sabían que una vez a la semana podían acudir al lugar a retirar su colación gratuita.

La distribución de la "olla común" la realizabamos cada miércoles desde las 12:00 horas

Enelina Ramírez, una de las beneficiadas, nos contó que esta iniciativa le permitió llevar en varias ocasiones comida “muy rica” para ella y su esposo.

La cara de Enelina nos resultaba familiar, pues casi siempre era la primera en retirar sus porciones.

Al tratar de conocerla, nos dijo que atravesaba por momentos muy difíciles, ya que -a consecuencia de la pandemia- tenía meses desempleada. Su pareja era quien a veces conseguía dinero mediante contrataciones temporales.

Enelina Ramírez (de mochila fucsia) beneficiada de la "olla común", entregó degustaciones en un supermercado hasta finales de enero de 2020

Ganancias de la “olla común”

Al ser el centro de la Región Metropolitana un lugar estratégico, pudimos favorecer con el pan físico y el espiritual a un público heterogéneo, considerando la importante cantidad de gente que va a esa parte de la ciudad a realizar gestiones diversas.

Para la actividad conseguimos el apoyo voluntario del personal de la Fundación GLO Chile, miembros de la Iglesia Luterana “Divina Providencia” y la de dos particulares cuya identidad vale la pena destacar: Marta Herrera, beneficiada que se involucró en la preparación de los alimentos e Idania Rincón, con residencia cercana al punto de distribución, que colaboró en la entrega de almuerzos.

Marta Herrera (al fondo) además de retirar su almuerzo cada semana, también ayudó en la preparación de la comida

Idania Rincón, vecina de Santiago Centro, se sumó como voluntaria al apoyar en la distribución

En cada jornada tuvimos la oportunidad de compartir con la comunidad el alimento físico y el espiritual

Otro de los alcances de este plan fue la adquisición de una cocina industrial y de enseres como ollas, cuchillos, mesón de acero inoxidable, entre otros objetos que quedaron a disposición de la congregación para la materialización de proyectos futuros que representen el sustento de la obra de Cristo en Providencia.

Doménico Loturco, miembro de la Iglesia Luterana “Divina Providencia”, nos reservó sus dones en la cocina para dirigir nuestra "olla común"

Entrega de “mercaditos” de productos no perecederos

Los donativos recibidos fueron destinados a la compra de comestibles de larga duración, y de productos de aseo personal para auxiliar a familias en situación muy comprometedora.

 

La inversión según número de artículos destinados a cada familia no supera la suma de $12.000

Hasta ahora, a 50 grupos familiares se les ha dado un “mercadito”.

Casi todos los auxiliados con este beneficio eran inmigrantes recién llegados al país, con hijos, sin empleo formal y con las esperanzas de establecerse en Chile pausadas a consecuencia de la crisis actual.

 

La materialización de proyectos como estos significa la oportunidad de ratificar lo que somos: “(…) linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncien los hechos maravillosos de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable”. 1 Pedro 2:9.

 

Por Elianeth Pineda

Con colaboración de Coralí García