Vivir seguros y confiados

Salmo 4.8: En paz me acostaré, y también dormiré; porque solo tu, Jehová, me haces vivir confiado.

Es un privilegio poder compartir un mensaje en esta semana previa a la Celebración de la Reforma
Luterana
¿Cómo dormiste? ¿Duermes tranquilo, tranquila? ¿Dejas tu casa sin problemas? ¿Cómo percibes tu
futuro? ¿Cómo percibimos el futuro de la iglesia luterana en Chile? ¿Cómo percibimos nuestro país?
¿Qué pasará con nosotros, herederos de la reforma?
El ser humano, de todos los tiempos siente la necesidad de seguridad. La seguridad es uno de los
asuntos más relevantes para la vida social. La misma vida religiosa comienza con esa necesidad
Elemental. El sentirse seguro espiritualmente hablando explica como algunas personas pueden
obedecer sistemáticamente ciertas reglas y leyes, sometiéndose sin siquiera cuestionarlas. La persona
no puede hacer esto o aquello, pero sí debe cumplir con esto y con lo otro.
¿Cuántos cristianos navegan por esas aguas, creyendo que Dios organiza una especie de balance
contable, anotando cuidadosamente todas las buenas acciones y también las resbaladas de cada uno?
Al final de la vida, algunas enseñanzas y creen, la persona puede sentirse segura porque Dios reconocerá
su esfuerzo y se hará merecedora de la salvación.
Desde los primeros tiempos del cristianismo se puede verificar la existencia de tal mentalidad en la
vida de la iglesia. El apóstol Pablo protestó con mucha vehemencia, asegurando que el cristiano no
puede construir garantías para la eternidad, como quién tiene una libreta de ahorros, mediante el cual
va ahorrando en la caja de ahorros celestial. Todo lo que Dios hace por el hombre lo hace por gracia y
de gracia. Es una perversión enseñar que el hombre puede construir garantías para la eternidad,
cuando la palabra de Dios enseña algo diferente.
1500 años después, this idea renació con mucha fuerza dentro de la iglesia cristiana - la idea de que
las personas pueden comprar el perdón y garantizar la eternidad con un poco de caridad. Quién se
levantó entonces fue Martín Lutero. El protestó en nombre del Evangelio de Jesucristo, repitiendo los
argumentos de Pablo. Y fue esta protesta la que desencadenó todo aquel proceso de cambio que
conocemos como la Reforma Luterana.
En verdad, la Reforma comenzó a través de alguien que realmente “sintió en la carne” lo que fue
ejecutar, cumplir y realizar todas las obligaciones de la iglesia, y ni así, conseguir la paz del
espíritu y la seguridad. Fue larga y penosa la caminata de Lutero para descubrir que el cristiano no puede
construir sus garantías y seguridades. Dios es el autor. Dios tiene la iniciativa, Él perdona, Él nos acepta,
él nos busca.
Fue duro el camino de Lutero para descubrir que incluso una vida ejemplar no representa nada para
Dios. Incluso una doctrina correcta no puede dar vida y seguridad. La iglesia, el bautismo, la Santa
Cena, la biblia como la Palabra de Dios son señales de la presencia de Dios, pero por sí mismas no son
garantías de nada. Quien piensa que ser propietario de un ejemplar de la Biblia y tenerlo en la casa es
señal de garantía de alguna cosa ¡se engaña a sí mismo y solo está confundido! ¡Quién piensa que por
el solo hecho de llamarse cristiano o luterano, aunque su vida esté fuera de la comunión de la
congregación, sin la palabra de Dios y la Santa cena, tiene el favor de Dios se engaña a sí mismo y
necesita volverse a Dios! ¡Quién piensa que vivir a medias la fe, que ya lo alcanzó todo, que no necesita
aprender, que es mejor, se engaña a sí mismo y no puede tener seguridad de absolutamente nada!
Nuestra única seguridad como seres humanos y como iglesia luterana frente al pasado, presente y
futuro. Nuestra suficiente seguridad, sólo puede ser el Señor, sólo puede ser el Dios que aprendemos a
conocer por medio de Jesús. Quiere decir que la seguridad tan buscada y anhelada es una cosa dada.
La seguridad y garantía de felicidad y vida eterna sólo pueden venir de fuera. Como dice el salmista,
verdadera seguridad es cuando alguien se acuesta y pronto se duerme, pues está seguro y tranquilo,
puede vivir confiado. Quién sabe cuántas noches Lutero necesitó estar despierto, enfrentado la
inseguridad espiritual para que nosotros hoy podamos acostarnos y pronto dormirnos al saborear la
seguridad dada por Dios en Cristo Jesús.
Lutero puede hablar, enseñar y predicar porque él vivió, sobretodo, la falta de seguridad y garantías,
podemos ver como necesitó vivir sin ninguna otra seguridad sino aquella que Dios le proporcionaba.
Fue excomulgado, considerado proscrito (cualquiera que lo encontrara, podía matarlo). Bajo la
amenaza de autoridades civiles y religiosas de su tiempo, bajo el miedo de enemigos infiltrados en su
medio de vida, sin derecho de justicia, sin garantías de ninguna especie, Lutero vivió y comenzó la
reforma de la iglesia.
No estamos aquí para idolatrar a Lutero, él no es nuestro Señor, ni nuestro salvador. Pero sin dudas
que representa un modelo que muestra en donde podemos encontrar verdadera seguridad y garantía.
En una época en donde cada vez más, las naciones poderosas de nuestro tiempo discuten sobre la
cuestión de la seguridad mundial, principalmente cuando las expectativas de este milenio mescladas
con creencias y pseudoprofecías apocalípticas crean en nuestra gente un interés cada vez mayor y una
búsqueda más incesante por respuestas y cuestiones que, en verdad, tienen que ver con la seguridad y
garantía del ser humano.
Mientras que los problemas políticos nos pueden hacer descreer del poder público, pudiendo hasta ser
legítimas nuestras preocupaciones en cuanto al futuro, como cristianos luteranos no podemos permitir
que estas preocupaciones tomen cuenta de nuestra vida personal. Pues es exactamente lo que
podemos constatar en la vida humana de estos tiempos: la angustia, el miedo, la inseguridad, la
búsqueda desenfrenada de garantías, terminan siempre en una frustración profunda, cuando se puede
llegar a la conclusión de que nada está garantizado en esta vida. La garantía es algo ofrecido, es un
Don, procede de Dios, es un acto de amor y de la iniciativa de Dios. Presupone un compromiso serio
con Dios. Presupone la certeza en las palabras y promesas del Padre, presupone una confianza
irrestricta en aquello que Cristo realizó.
La reforma de Lutero, antes que nada, es una muestra, una lección de vida de una persona que desiste
de las falsas garantías y seguridades de este mundo. La reforma de Lutero nos recuerda que nuestra
seguridad viene de Dios, que reforma tiene que ver no con grandes cambios eclesiásticos y estatales,
sino con la vida diaria, en donde el corazón redimido por la gracia y fe en Cristo, ahoga cada día con
contrición y arrepentimiento al viejo hombre para que cada día resurja el nuevo hombre que Dios ha
creado con la redención. Ese es el hombre que puede descansar en los brazos de Dios a cada segundo,
lo que expresa el salmista cuando dice: entrega tu camino al Señor, confía en Él y él hará. Y cuando eso
realmente sucede contigo, entonces se vuelve pura realidad las palabras del salmo 4: En paz me
acostaré, y también dormiré; porque solo tu, Jehová, me haces vivir confiado.
Conclusión
La Reforma Luterana tiene ese mérito: mostrar a las personas donde podemos encontrar la verdadera
seguridad y tranquilidad e incentivos, al mismo tiempo a abandonar las falsas ideas y búsquedas sin
sentido.
La Reforma de Lutero posibilitó que pudiésemos reclinar la cabeza en la almohada cada noche y
descansar en la seguridad y garantía de misericordia de Dios. Cuando abandonas las falsas seguridades,
entonces podrás darte cuenta de cómo Dios extiende su mano protectora. Y así aprendemos que todas
las demás cosas son secundarias, cuando las vemos desde el punto de vista de la garantía y
misericordia dada por Dios en Cristo Jesús. Amén.

 

Director IBL

 

Rev. Cristian E. Rautenberg