Un día como hoy, 25 de junio, pero de 1530, los príncipes luteranos aprovecharon una oportunidad entre mil para confesar su fe ante el potente y antagónico emperador Carlos V. En muchos sentidos, este fue el día en que la REFORMA LUTERANA comenzó realmente, ya que la Confesión de Augsburgo demostró claramente que la fe luterana no era la innovación de una secta, sino la iglesia de Cristo volviendo a los fundamentos doctrinales apostólicos, basada en las Sagradas Escrituras, defendida por los santos padres ortodoxos y la sana tradición de la iglesia, de los cuales la iglesia de Roma se había apartado.

 

Así, hoy en día, a pesar de vivir en un mundo que no cree en la verdad absoluta, la iglesia de la Confesión de Augsburgo (Iglesia Luterana Confesional) sigue creyendo, enseñando y confesando la misma fe de sus padres, aquella que viene como don de Dios, y que fue proclamada y defendida a lo largo de la historia por aquellos que confiaron en Dios por sobre todas las cosas, incluso al punto de perder sus vidas, cargos y posesiones.

 

Bajo el lema "Hablaré de tus testimonios delante de los reyes, y no me avergonzaré" (Salmo 119:46) fue presentada esta confesión de fe católica y evangélica, en su sentido propio y bíblico. “Prefiero perder mi cabeza a renegar de mi fe en Cristo” exclamó uno de los príncipes luteranos en Augsburgo, ante el mismísimo emperador y rey Carlos.

 

En humildad y arrepentimiento, como así también celebrando el don de Dios, hagamos propias las Palabras del salmista, así como lo hicieron nuestros padres, compartiendo así la misma esperanza y confesión de la iglesia de Cristo de todos los tiempos, celebrando la confesión del único y verdadero Dios.

Amén.

 

“Sostennos firmes, ¡oh Señor!

En la Palabra de tu amor.

Refrena a los que, en su maldad,

Tu reino quieren derribar.”

Culto Cristiano 109, est. 1

 

Pablo González

Vicario

Congregación “La Cruz de Cristo”, La Florida, Reg. Metropolitana.

Iglesia Luterana Confesional de Chile