El pasado fin de semana del 7 y 8 de septiembre, tuve la dicha de compartir el curso de evangelismo luterano “Cada Uno Su Testigo”, preparado por el pastor Mark A. Wood, con mis hermanos en Cristo de la ILC-Chile. Este curso es una base infaltable para el trabajo de las congregaciones en ser testigos de Cristo y de todo cuanto Él hizo y aún hace por nosotros.

Muchas veces pensamos que tenemos que detener nuestra vida para llevar el mensaje de Cristo y dedicar un momento exclusivo para hacerlo. Pero la realidad es que evangelizar no es otra cosa que sembrar la Palabra de verdad “mientras vamos caminando” en nuestras vidas diarias. No hay que esperar a “tener tiempo” exclusivo para esto. Nuestro Señor dijo: “He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.” (Jn 4:35)

En nuestra vida diaria estamos rodeados de personas que sufren por enfermedades, por problemas matrimoniales, por problemas económicos, por la violencia y el abandono; y viven frustrados, angustiados y resentidos con todo. Todos ellos son tierra donde podemos sembrar la Palabra de Vida, que nos recuerda que en medio de los dolores y sufrimientos está Dios Emmanuel, Dios está con nosotros.

No debemos desvivirnos por los resultados, llenándonos de orgullo si los hay o de culpa si no los hay. Porque nuestro trabajo no es hacer germinar la semilla sino sembrar y regar. Dios es quien da el crecimiento (1 Cor 3:6). Confiando en Dios, sembremos con alegría la Palabra de verdad, porque el mundo siembra lo suyo y con dedicación esparce mentira, con más razón sembraremos nosotros, que damos testimonio de Cristo, de la Verdad de Dios.

El Espíritu de gracia nos anime, nos fortalezca y nos guíe para dar testimonio de nuestra fe, para que otros puedan escuchar del inmenso y divino amor que Dios el Padre nos ha mostrado en Cristo Jesús. Amén.

Doy gracias a Dios por el hermoso tiempo compartido con mis hermanos en Chile y el reencuentro con algunos ya conocidos. Doy gracias al Centro de Misericordia y Seminario Concordia “El Reformador” por haberme permitido llevar a cabo este curso. Y doy gracias a mi familia, a mi amada Katie y mi pequeña Evangelina, que me apoyan y me animan en el servicio en Cristo.

 

Pastor Roberto Alejandro Weber.