¿Qué hace Dios cuando nos reunimos alrededor de Su Palabra y Sacramentos? La estructura de rito, espacio y tiempo en nuestro culto responderán esta pregunta y es el corazón de nuestra discusión.

Nuestra distintiva teología luterana de culto viene a nosotros de las estructuras litúrgicas de Palabra y Sacramento del Nuevo Testamento. Lo que el culto cristiano es, podría ser descripto tanto desde la perspectiva de una asamblea cristiana o de la perspectiva de Dios. En la mayoría de las descripciones de culto, uno escucha la perspectiva de la iglesia, que es, la iglesia se reúne a alabar, dar gracias y glorificar a Dios por causa a la fe que se aferra sosteniendo los dones de Dios en Jesucristo. Culto es una palabra apropiada para describir nuestra respuesta a la obra de gracia de Dios en Jesucristo, ya que el culto define nuestra perspectiva, qué hacemos en vista de lo que Dios ha hecho. Culto, entonces, describiría nuestra reverencia y alabanza, nuestro servicio y adoración.

Sin embargo, esta descripción de la actividad común de la comunidad cristiana los domingos va en contra del centro de la teología confesional luterana. Los luteranos rara vez comienzan la teología desde abajo, desde la perspectiva del hombre, sino desde arriba, desde la perspectiva de Dios. Martín Lutero y la Reforma nos ayudaron a ver que lo primordial en nuestro culto no es nuestro servicio y sacrificio a Dios, sino Su servicio y sacrificio a nosotros. Los dones de Jesús están ocultos en los medios simples del agua y Palabra, pan y vino. Nos unimos a un mundo fuera de nosotros mismos recibiendo los dones del cielo en la carne de Jesús y sometiéndonos al gran misterio de que el cielo viene a la tierra a través de esta presencia corporal de nuestro Salvador. A veces pensamos en el cielo de forma abstracta, como algún lugar “ahí arriba”, pero el cielo es donde está Jesús. Debido a que Jesús está presente entre nosotros en los dones de la Palabra y Sacramentos, por lo tanto, el cielo mismo está presente entre nosotros. Este es el mundo de “ángeles, arcángeles y toda la compañía del cielo.”

            Este misterio del cielo en la tierra es una teología bíblica de culto. Dios no necesita nuestro culto ni alabanza ni servicio. Pero nosotros sí necesitamos Su servicio, Su presencia y Sus dones de perdón, vida y salvación. Cualquier alabanza que demos a Dios, cualquier honor debido a su nombre, es nuestra respuesta al servicio de Dios hacia nosotros.

Los luteranos, como los primeros cristianos, creen que Cristo está corporalmente presente a través de la Palabra u Sacramentos, ofreciendo a Su pueblo los dones del cielo. La liturgia es, primeramente, la actividad de Dios quien está sirviéndonos con los dones. Pero también es la asamblea cristiana cuyo derecho y privilegio es estar en la presencia de Dios y recibir Sus dones por el bien del mundo. Los cristianos son agentes de Dios, ¡Nadie más en el mundo puede hacer este servicio! Y como los cristianos responden a la Palabra y Sacramento, responden a Cristo, que es, su canto de alabanza, su oración, y su confesión de fe que no son propias, sino que son de Cristo que está en ellos, respondiéndole al Padre a través de Él. Y por lo tanto los dones dados y regalados están en Cristo.

           

Aquí vemos el origen de la palabra de Lutero para el culto, Gottesdienst –Dios sirviendo al mundo con Sus dones de perdón, vida y salvación a través de Palabra y Sacramento-. La liturgia es el contexto en el cual Dios obra para salvar a Su pueblo y en el cual el pueblo de Dios responde. Primero, reciben los dones de Dios derramados sobre el mundo a través de la liturgia cristiana; luego, como representantes del mundo, responden a los dones en acto de culto. La liturgia es donde Dios está presente en Cristo para salvarnos del pecado, muerte y del mal. La definición de liturgia pudo haber sido aprobada por Lutero, cuyo único principio en la renovación de la liturgia fue la justificación por gracia a través de la fe.

Extraído de: Arthur Just Jr (2008). El cielo en la tierra: Los dones que Cristo da en el Servicio Divino. St Louis, MO: CPH. Capítulo 1: La teología del culto.